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 nº. 004    junio    2005   Sociedad

 

Dos Graduaciones

 

Cuando terminé mi carrera en la  Universidad Complutense allá por el año 1.967  no se celebraba acto o ceremonia de  Graduación de los  recién Licenciados. Ahora, volviendo a las viejas tradiciones ceremoniales de la Universidad medieval que los anglosajones no abandonaron nunca, ya se celebran aquí  estos actos al menos en las privadas.

En el año pasado y también  en este  he tenido  ocasión de asistir a una en la Facultad de Derecho de la University of  San Francisco en Estados Unidos, y a  otra en la de Humanidades de la Universidad San Pablo- CEU, en  Madrid y he sentido envidia de no haber celebrado la mía.

Las dos eran iguales en su finalidad, celebrar  que los estudiantes hayan conseguido el título universitario, y también  casi en la forma pues había pocas  diferencias en el ceremonial. En ambos casos los actos estaban llenos a rebosar abría el acto  el cortejo  académico  desfilando  a los compases de la preciosa marcha  de Pompa y Circunstancia de Elgar. En San Francisco,   el cortejo era muy  espectacular. En una inmensa Iglesia de traza jesuítica, entraron la bandera de las barras y estrellas y la de la Universidad, seguidas por  todos los estudiantes que se graduaban vistiendo  una lujosa  toga negra con bandas verdes, amarillas y moradas  y ese divertido birrete plano con borla que allí se estila. Después iban  los profesores con sus lujosas togas y birretes, cerrando el cortejo los altos cargos de la Universidad y el Canciller. En Madrid, en un  enorme Palacio de Congresos, el cortejo lo formaban sólo los profesores luciendo sus togas y las vistosas  mucetas y birretas con los colores de cada carrera, y el Rector Magnífico con su severa toga negra. Los alumnos, eso sí el triple  de los americanos, esperaban en sus puestos

Los americanos comenzaron con un homenaje a  su bandera, cantando con fervor su  Stars and Stripes, mientras en Madrid   las banderas de España, Europa, la Comunidad y la de la Univesidad, más bien pequeñas, sin gran protagonismo, estaban situadas  en un lateral, pero el Coro cantó un espléndido Veni Creator Spíritus muy a propósito con la celebración.

Los dos actos siguieron con las palabras de rigor de los Decanos. Las de la de Madrid fueron una preciosa defensa de las Humanidades amenazadas por la incomprensión de los políticos. Luego, las  de los padrinos. En San Francisco lo era una Juez del Tribunal Supremo de California, emigrante ella del Caribe que se alargó cantando alabanzas al sueño americano  y aquí un valiente empresario de la comunicación  preciso en sus consejos y generoso en su ánimo a los nuevos periodistas. El resto ya se sabe. Intervenciones de los respectivos coros, y entrega  de los diplomas, uno a uno a los americanos y en grupos a los españoles, a los que les impusieron la tradicional beca, azul para los  humanistas y gris para los periodistas. En Madrid el coro cerró el acto  con el tan alegre y un poco macarrónico Gaudeamus Igitur,  nuestro himno universitario que siempre que lo escucho me emociona.

¿ Qué eché de menos en cada ocasión? En San Francisco el canto del   Gaudeamus, en Madrid el emotivo  homenaje a su bandera de los americanos. Cuanto me gustaría que aquí también se hiciera con la nuestra, sobre todo en estos momentos en que tanto nos hacen falta símbolos de unidad y confianza  en un  futuro mejor.

          ¿ Que destacaría en los dos actos ?. La alegría sana y contagiosa de todos los asistentes, de los  universitarios y sobre todo la de los padres orgullosos de   que  sus hijos hayan conseguido  al fin el ansiado título universitario.  

                                                                                                   Jose E Domenech

 

 
 

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