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 nº. 002    abril   2005   Sociedad

 Juan A. Martinez

 La  

 Prehistoria   

 pervive en el               

Valle de Ambrona

 ( y I I )

 

 

Los yacimientos

En los quince kilómetros de largo por dos de ancho que tiene el valle hay documentada lapresencia de ciento siete yacimientos prehistóricos, “lo que supone una densidad de ocupación impresionante” según Manuel Ángel Rojo, profesor titular de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid, quien en 1994 comenzó los trabajos de excavación en los distintos yacimientos. El primero en ser presa de las paletas y pinceles del equipo de arqueólogos fue la tumba neolítica bautizada como Peña de la Abuela. Los trabajos en este enclave se alargaron durante cuatro años.

     La Peña de la Abuela es una tumba monumental cuya estructura fue concebida para ser clausurada ritualmente mediante el fuego y su posterior perduración en el paisaje a través de su monumentalización. En ella se encontraron los restos de once adultos y dos niños acompañados por ofrendas colectivas de industria lítica, como láminas y hachas pulimentadas, y espátulas rituales de hueso. Este lugar de enterramientos fue utilizado durante varias generaciones como panteón colectivo de una comunidad que habitaba el valle a principios del sexto milenio antes de Cristo. En él se aprecian dos áreas diferenciadas, una zona noble donde el ajuar es más abundante y de mayor calidad y en la que los enterramientos aparecen claramente separados del resto, y una segunda área compuesta por los demás enterramientos que no presenta tratamiento diferencial alguno.

     Esta tumba fue clausurada mediante un incendio ritual de gran intensidad que duró varios días. Una vez quemada se construyó sobre ella un túmulo de piedras rematado con un menhir. “De este modo se integró el monumento en el paisaje y sirvió como marcador de propiedad de las tierras circundantes del valle” según palabras de Ignacio Delgado, coordinador del campo de trabajo.

     Durante estos años también se trabajó en otros dos enclaves conocidos como La Lámpara y La Revilla del Campo. En este caso no se trata de tumbas, sino que son restos arqueológicos de los poblados de los primeros moradores que habitaron el valle. Para el doctor Rojo estos pioneros fueron los responsables de la introducción de las nuevas formas de vida basadas en la agricultura y la ganadería, hasta entonces inéditas en estos territorios. En estos yacimientos, que datan del VI milenio antes de Cristo, se encontró restos de cereal, ganado, molinos de mano y cerámica.

     En 1999 comenzaron los trabajos en el Túmulo de la Sima, la tumba prehistórica más compleja y monumental de las que han sido excavadas hasta la actualidad en el Valle de Ambrona.Situada al pie de la ladera, próxima a la laguna que le da su nombre, su fundación se remonta a principios del IV milenio antes de Cristo, cuando se construyó un panteón de mampostería de piedra caliza, de planta circular, con un vano de acceso. En el interior de la cámara se depositaron los cuerpos de los fallecidos, hasta que, como en La Peña de la Abuela, se decidió cerrar la tumba con un incendio que pudo durar varias semanas y que redujo la estructura cameral a cal viva. Pasado el tiempo una nueva cámara funeraria se levantó sobre los restos de la anterior, sin embargo, ésta no fue entregada al pasto de las llamas. En el interior de la misma se encontró un espectacular osario, junto a los elementos del ajuar de los muertos, formado por un hacha pulimentada, grandes láminas de sílex y cuentas de collar.

    La última fase de utilización del Túmulo de la Sima se sitúa en el 2300 antes de Cristo, en pleno apogeo de la cultura campaniforme, cuando se produjeron una serie de enterramientos individuales. El ajuar de estos enterramientos, compuesto por objetos metálicos como hachas y puntas de jabalina, de los más antiguos del interior peninsular, y una veintena de recipientes cerámicos bellamente decorados, deparaba una sorpresa a los investigadores. El análisis químico de las caras internas de las cerámicas determinó que habían sido utilizadas para contener cerveza prehistórica, la más antigua documentada en el continente europeo. “Dicha bebida, a diferencia de lo que sucede en la actualidad, no era de uso común, sino que estaba reservada a determinados actos sociales, tales como ritos funerarios” según Manuel Ángel Rojo.

     En el verano de 2002 comenzó la excavación en el Abrigo de Carlos Álvarez que continúa en la actualidad. Según Ignacio Delgado “se trata de un lugar excepcional que cuenta con unas interesantes pinturas rupestres esquemáticas”. Las pinturas fueron descubiertas por el ya fallecido Carlos Álvarez, quien fue director del Archivo Histórico Provincial de Soria. La excavación a los pies del abrigo ha revelado la existencia de una prolongada e intensa ocupación humana del lugar que se remonta a los inicios del Neolítico y perdura hasta la Época Moderna, pasando por niveles de época campaniforme, de la Edad del Bronce, del Hierro, los romanos y Medieval.

    Durante el presente año, además de continuar los trabajos en el Abrigo de Carlos Álvarez, el equipo del doctor Rojo ha comenzado el estudio de los yacimientos de Pozuelo, Valdepernales y Dolientes I y la prospección visual de otros dieciocho yacimientos.

La cerveza prehistórica

El descubrimiento de que los vasos campaniformes que componían el ajuar funerario del Túmulo de la Sima contuvieron una cerveza prehistórica, la más antigua documentada en Europa, supuso uno de los hallazgos más llamativos desde que hace ya casi una década empezaron los trabajos arqueológicos en el Valle de Ambrona.

     Este descubrimiento retrocede la presencia de la cerveza en el Viejo Continente hasta mediados del tercer milenio antes de Cristo, retrasando en más de dos mil años el anterior registro perteneciente al poblado catalán de Geno. Aún así, las evidencias de elaboración de cerveza mas antiguas del mundo quedan muy lejos de las del Valle de Ambrona, pertenecen a la antigua Mesopotamia, hace unos seis mil años.

     La cerveza encontrada en el Valle de Ambrona era una bebida “sin gas, que al no llevar lúpulo, planta que se empezó a añadir en la Edad Media, no es amarga, y que tiene las características frutales y florales de las hierbas utilizadas. Al probarla parece rara, pero es bebible y refrescante, y al tomarla te apetece otra” comenta Benet Fite, maestro cervecero.

 

 
 

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