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 nº 16 - octubre - 2008 - sociedad  

 

                       La enseñanza española:

                      un problema sin resolver

 

La enseñanza se puede decir que ha sido  y es uno de los problemas endémicos de la Sociedad española.

Uno de los primeros intentos serios de resolverlo fue la Ley  Moyano de 1.870, que establecía la enseñanza primaria, enseñanza media y superior o universitaria y de cuyas rentas,  con mas o menos reformas, entre ellas las Leyes de 1953, se fue tirando hasta 1.970.  En ese  año  ya en la etapa final del Régimen de Franco, se promulga la Ley General de Educación, que  al mismo tiempo que suponía un avance social al intentar poner la educación gratuita al alcance de todos ricos y pobres, vino a descomponer el sistema educativo clásico  de enseñanza primaria, media  y Bachillerato y Formacion Profesional. Si en lo primero acertaba plenamente en lo segundo se puede decir que ocurrió lo que en su misma exposición de motivos advertía:

“ Una reforma, aunque la inspiren muy nobles deseos, no siempre sirve para mejorar la situación existente. Y cuando se trata de reformar algo tan trascendente y delicado como la educación, todo estudio y reflexión de las nuevas medidas y orientaciones es poco”.

         No debieron los equipos del entonces ministro de Educación Villar Palasí, encabezados por el famoso profesor Diez Hochtleiner, estar muy acertados pues dibujaron un sistema  de educación preescolar, Educación General Básica  Bachillerato y Universidad tan poco efectivo que hizo  necesarias nuevas reformas.

Pero  a nuestra enseñanza la seguía persiguiendo su mal sino y de aquellos barros  vinieron los lodos de la Ley de Ordenación General del sistema educativo, (LOGSE),  de 1990 promovida por el partido Socialista, que estableció  la educación infantil, enseñanza primaria y secundaria con carácter obligatorio y bachillerato ESO, Aunque llena como la anterior de buenas intenciones ideológicas, los resultados prácticos no fueron muy positivos, aumentando el fracaso escolar.

La insatisfacción con el nuevo sistema provocó tímidas reformas del Partido Popular  con la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE)  de 2002  que no llegaron a aplicarse totalmente pues fue derogada nada más llegar el PSOE de nuevo al poder, que promovió una nueva ley, la Ley Orgánica de Educación  (LOE) de3 de mayo de 2006. Esta ley establece en su preámbulo que tiene como objetivo adecuar la regulación legal de la educación no universitaria a la realidad actual en España (educación infantil, primaria, secundaria obligatoria, bachillerato, formación profesional, de idiomas, artísticas, deportivas, de adultos) bajo los principios de calidad de la educación para todo el alumnado, la equidad que garantice la igualdad de oportunidades, la transmisión y efectividad de valores que favorezcan la libertad, responsabilidad, tolerancia, igualdad, respeto y la justicia, etc.

El resultado ha sido que aparte de no resolver los problemas los ha agravado y además ha hecho que una parte importante de las familias se sienta agraviada con un nueva asignatura la de Educación para la Ciudadanía, más que por la idea de la asignatura  que puede ser aceptable, por la imposición  unos determinados contenidos  que chocan con principios éticos y concepción de la sociedad que solo son competencia de los padres.

           A este panorama hay que añadir la cesión de competencias educativas a las comunidades autónomas que han utilizado para procesos, mas que de normalización lingüística, de verdadera imposición de las lenguas regionales y la marginación del español.

Mientras la Ley Moyano duró cien años, en los cuarenta años siguientes hemos sufrido cuatro grandes Leyes nacionales y varias autonómicas y los resultados no acaban de convencer.

¿ Qué es lo que ha fallado para que se denuncie en toda España el fracaso  de nuestro sistema educativo confirmado desde fuera por el famoso Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes o Informe PISA de la OCDE?

No es fácil de decir, pues confluyen muchas causas:  el demostrado fracaso de la organización del sistema  educativo; los cambios en la sociedad española que antepone la comodidad y la diversión al trabajo; los propios cambios en la institución familiar en plena crisis, con cada vez mas niños de familias monoparentales; el fallo del profesorado que cada vez ve más la enseñanza como un empleo remunerado y menos como una vocación profesional de servicio a la sociedad; la pérdida de autoridad de padres y docentes,  y sobre todo la falta de una escala básica de valores asumidos por toda la sociedad española.

Si queremos acabar con este estado de cosas habrá  que volver  a unas reglas básicas que se pueden  resumir  en estos principios:

-- la educación personal corresponde a las familias y no      es delegable,

-- la enseñanza de conocimientos es una responsabilidad del     sistema educativo

-- la sociedad tiene que apoyar a las familias y a los enseñantes     dándoles los  medios  y  la autoridad necesarios

          -- el establecimiento como objetivo de una escala valores                fundamentales.

            De las leyes hay que esperar sensatez, y claridad de ideas. Nos hacen falta leyes menos ambiciosas, mas sencillas y claras  y que no pretendan adoctrinar sino simplemente enseñar.

                                                                        J.E.D.

 

 
 

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