el dardo digital

 
 

 Hemeroteca

 
 

 

 nº. 001    marzo   2005   Sociedad

 

 Juan A. Martinez

 

                 La                     Prehistoria                  pervive en el                  Valle de                   Ambrona

     ( I )

 

                                                                                           

El Valle de Ambrona, en la provincia de Soria, fue tierra de paso para   el hombre neolítico en su camino hacia el interior de la Península Ibérica.   Así lo demuestra la labor que desde hace casi una década realiza Manuel   Ángel Rojo, profesor de la Universidad de Valladolid, en estas tierras que   atesoran ciento siete yacimientos arqueológicos documentados.

En el confín suroriental de la provincia de Soria, a unos mil cien metros sobre el nivel del mar, se encuentra el Valle de Ambrona, un lugar que ofrece muchas respuestas a las preguntas de los historiadores sobre la vida del hombre neolítico en la Península Ibérica.

            El Valle de Ambrona, salpicado de pequeños pueblos que basan su subsistencia en la agricultura y la ganadería, es cruzado de manera transversal por la divisoria de las cuencas hidrográficas del Duero y el Ebro, lo que provoca que en él abunden lagunas y humedales que hoy, en su mayoría, se encuentran abnegados a causa de la concentración parcelaria de la década de los setenta. Durante la Prehistoria las cuencas de los ríos eran las autopistas de la actualidad. Los grupos neolíticos en sus vidas seminómadas viajaban siguiendo los cursos fluviales, ya que no sólo les aseguraban la presencia de agua que beber, sino que este agua les permitía mantener una agricultura rudimentaria, que junto con una escasa ganadería constituían su dieta alimenticia. La presencia de agua en el Valle de Ambrona motivó que se convirtiera en un lugar de tránsito y en una de las vías de penetración del Neolítico en el interior de la Península Ibérica. En la actualidad es un enclave de gran atractivo para los arqueólogos dada la gran cantidad de yacimientos que en él se localizan.

            El paso del tiempo

Hace unos trescientos mil años, cuando el Homo Sapiens no era más que un proyecto de hombre, grupos de homínidos primitivos eligieron las tierras del Valle de Ambrona como vía de acceso al interior peninsular. La vida del hombre en aquella época no difería mucho de la de los animales que cazaba, por lo que el paisaje del valle permaneció salvaje. Sin embargo, esta situación comenzó a variar con el fin de los tiempos glaciares, hace siete mil años, cuando aparecieron las primeras poblaciones neolíticas. Éstas eran comunidades campesinas que, desde el valle del Ebro, introdujeron a través del Valle de Ambrona la agricultura y la ganadería al interior de la Península Ibérica. De esta forma comenzó la humanización del paisaje que tuvo su manifestación más clara en las construcción de tumbas monumentales que no sólo poseían una función funeraria, sino que también  eran marcadores de propiedad de las tierras adyacentes.

            A partir de este momento comenzó un crecimiento de la población. Surgieron más de treinta asentamientos defensivos que con el paso del tiempo sufrieron un proceso de concentración. El final de este periodo llegó con la ocupación romana que significó el abandono de los antiguos enclaves y el asentamiento en zonas llanas próximas a tierras fértiles. El Valle de Ambrona con la romanización no perdió su condición de zona de paso gracias a la construcción de una amplia red de calzadas. La caída del Imperio supuso el advenimiento de una época de oscuridad caracterizada por el abandono de lo que en el pasado habían sido florecientes núcleos de población.   (Continuará)

 

 

 

volver

 

 
----

---------------------------------e-mail: eldardodigital@lycos.es---------------------------------