el dardo digital

 

 

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 nº. 015  octubre  2008 -  Para ellas 

 

 

 

Una sonrisa no arregla las cosas, aún así sonríe

 

- A las 8 te recojo.

- De acuerdo, ¡hasta mañana! ¡qué nervios!

Era el primer día de clase, y la verdad, estábamos muy nerviosas.

Mis amigas y yo entrábamos por la puerta con buen píe. Pero como siempre Reyes y su humor llegaban tarde.

Días previos, mi amiga Mercedes y yo comentábamos el humor de Reyes, pues últimamente, se pasaba el día gastando bromitas, que en exceso, molestaban, y luego, cuando te veía con la cara de mosqueo, te daba un besito y te sonreía. Y es que una sonrisa no cambia las cosas. Tras la salida del encuentro en el colegio, decidimos ir a comer.

Estábamos todas sentadas, mientras que Reyes contaba chistes absurdos y bromas de mal gusto, nos mirábamos, nos enfurecíamos, hasta que Mercedes saltó: - Reyes ya está bien, muchas bromas, muchas sonrisas, pero no te das cuenta que estamos hartas, que por muchas sonrisas no vas a conseguir nada.

Parece que lo hace de forma natural, como el que pestañea o el que estornuda, volvió a hacerlo, volvió a sonreír y a darnos un besito.

Con un pequeño pique acabó nuestra primera jornada en el colegio.

Llegué a mi casa, dejé las cosas, fui a ver a mi madre, me hizo el típico interrogatorio, y me fui a mi cuarto, el contestador avisaba, tenía un mensaje.

Pi - Miriam, soy yo, Reyes, tía, si lo que queréis es que no me ría, que no bromee y que no os de besos, decirlo directamente, no con tonterías.

Por un momento me quedé en blanco, no sé, lo que Mer le dijo no fue para tanto.

Llamé a mis amigas, y me comentaron que también habían recibido un mensaje similar, pero concluía con una amenaza o chantaje.

Días después, nos dimos cuenta de que Reyes había dejado de sonreír, de bromear y de acercarse a nosotras de forma afectiva.

Todas coincidíamos en que un vacío nos sacudía por dentro, era como si nos faltara algo, pues claro, Reyes ya no era la misma, y nos faltaba ella.

Así que volvimos a hablar con ella, a decirle que extrañábamos su forma de ser, y nos disculpamos.

Reyes no tardó en volver a sonreír, pero ella también había aprendido, no tenía que hacer bromas, o por lo menos no tantas bromas.

Ahora, años después, me doy cuenta de que una sonrisa no cambia las cosas, pero que te sonrían y sonreír te cambia la vida.

Sonreír al dolor, para suprimirlo.

Sonreír a la vida, para alegrarla.

Sonreír a los amigos, a la familia, a los extraños, para que te sonrían.

Sonreírle al mundo, para que así todos sonriamos.

 

Ana Domenech Rueda

 

 

 

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