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 nº.005  julio-agosto 2.005 - Opinión

 
 

 

¿De verdad sabes lo que es un Neocon?

Hace tiempo que me pregunto a qué viene tanto misticismo y tanta caricatura con los neoconservadores americanos. No voy a intentar seducir a quién ya tiene decidido que Bush es bueno o malo y que sus oponentes o son los adalides de la libertad o los peores sinvergüenzas del G-8.  Intentaré explicar qué ideas están detrás de un líder que ni es tejano como se ha dicho, ni era partidario de una intervención mayor que la de Clinton antes del 11 de Septiembre.

      La primera idea que todo buen neocon defiende es la promoción internacional de la democracia. ¿Por qué? Pues porque consideran que un régimen de libertades siempre será más estable que una dictadura, más pacífico desde el momento en el que ningún pueblo de la tierra quiere meterse en una guerra innecesaria, y que a medio plazo será un aliado estratégico frente a sistemas represivos como China o Irán.

      La promoción de los derechos civiles tiene que llevarse a cabo mediante la diplomacia o el ejército si es necesario, y ante la imposibilidad de intervenir en todos los países del mundo donde gobierna un sátrapa consideran que deben hacer una selección con dos criterios: Los intereses americanos en la región (culturales, económicos, energéticos...) y el fundamento moral de la operación a gran escala. Como el primer capítulo es bien conocido, me gustaría aclarar el de “luchar por convicciones”: Estados Unidos, en calidad de superpotencia siente como suya la obligación de extender las libertades desde la constitución de la Sociedad de Naciones en 1919 gracias a la iniciativa frustrada del presidente Wilson (por eso se les suele llamar neo-wilsonianos). Ante el escepticismo y la pasividad de Europa, consideran que la democracia en Irak no es menos increíble que la de Alemania o Japón en los años cuarenta: Si lo consiguieron entonces, se dicen, ¿por qué no ahora?

      El segundo versículo en la Biblia del buen neocon es para el presupuesto de Defensa. Consideran que Estados Unidos debe una buena parte de su poder de persuasión a la capacidad y la tecnología de un ejército que se desplaza rápida y eficazmente sobre cualquier región del planeta. Citan como ejemplo la hegemonía naval del Imperio Británico durante los siglos XVII y XVIII. No pedían un gasto semejante al de la Guerra Fría, pero sí aumentarlo en un 15% para conservar una posición aplastante en el mundo: El 11-S empujó a la Aministración Bush a hacerlo entre 2002 y 2003. 

      Antes del icono de Bin Laden, lo que más les aterrorizaba eran las armas de destrucción masiva en manos de regímenes inestables. ¿Por qué? Pues porque utilizarlas dependería sólo de la voluntad de un tirano habitualmente paranoico y no de un pueblo como el español o el francés a través de un referéndum. Y porque los misiles no convencionales, por ejemplo, minimizan las diferencias entre el ejército de los países desarrollados y las tropas de un país del Tercer Mundo. Para un americano eso sólo puede significar una cosa: Una enorme capacidad de chantajear en manos de un sátrapa. Las pruebas que tenía Clinton sobre Saddam Hussein sólo fueron reutilizadas por Bush (pero con cinco años de antigüedad y sin haberlas actualizado porque decían que no se fiaban de los inspectores de la ONU).  Es más, la única relación entre Al Qaeda y el régimen iraquí, según la Comisión del 11-S, provenía de un informe de inteligencia muy documentado que afirmaba la existencia de un acuerdo en el que los primeros se comprometían a no atentar siempre y cuando Saddam les ayudase a desarrollar armamento no convencional.

      Para terminar con este breve recorrido sobre la visión de un neoconservador, sería interesante hablar de lo que más repiten: "tenemos que evitar el apaciguamiento". ¿En qué consiste? Pues en resolver los problemas antes de de que surjan o , como mínimo, antes de que lleguen a las puertas y los aliados de Washington (entre los que se encuentra Europa). La clave radica en luchar por las libertades, sobre todo en Oriente Medio, y en marginar o eliminar a los yihadistas antes de que vuelvan a sembrar el terror en Occidente. La guerra preventiva, el Tratado de No Proliferación y el escudo antimisiles, así como las grandes reformas en la seguridad interior americanas, persiguen ese objetivo. Según ellos, el apaciguamiento fue lo que nos llevó a pactar con la Alemania nazi en Múnich, porque pensábamos que dejando que Hitler sometiera Checoslovaquia evitaríamos la Segunda Guerra Mundial. Por todo ello, Bush está gastando en la democracia palestina más que ningún presidente americano (400 millones de dólares en los últimos cuatro meses), por eso está sacrificando a sus marines en Irak, por eso impuso las libertades en Afganistán y por eso admira sin reservas la gestión de Bruselas en Ucrania y la de París en Beirut: Cree firmemente que cerrar los ojos hoy, es levantarse dentro de un par de años con otro Once de Septiembre en las pantallas de televisión.  

                                                           Gonzalo J. Toca 

 

 
 

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