el dardo digital

 
 

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 nº. 009 diciembre 2.006 Cultura

El último libro de Oriana Fallaci termina con un pasaje que parece escrito en 2005, en los tiempos de Al-Zarqawi, degollador de gente: “Después, sentados en el trono, vi a aquellos a los que Dios había pedido que juzgasen a los siervos del Monstruo. Aquellos jueces eran las almas de los decapitados, de las personas asesinadas por el Monstruo porque se habían puesto de parte del Bien”. Pero no es un texto de nuestros días, sino del Apocalipsis, lo que lo hace aún más estremecedor.   

     Efectivamente, Fallaci escribe su entretenido “Apocalipsis” al hilo del libro escrito por San Juan (o uno de sus discípulos) en tiempos de persecución contra los cristianos. Se refiere al desierto cultural en que se convertirá Europa cuando termine de entrar el Islam, parecido al que asoló los Balcanes con la llegada de los turcos.

      Aunque se trate de un libro propagandístico, aunque la Fallaci intente parecer de izquierdas cuando es de derechas, aunque algunos de sus argumentos sean extremos, no por ello deja de tener derecho a escribir lo que escribe, máxime cuando lo que escribe es verdad. Y otra vez una cita del Apocalipsis. Esta para justificar esa sinceridad radical, ese estilo directo tan alejado de lo políticamente correcto: “Y después el Ángel dijo: Escribe, porque lo que digo es verdad y digno de ser creído”.

                                                                                                                     J.M.N.

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