el dardo digital

 
 

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nº. 006   septiembre 2.005  Cultura

HARRY POTTER

and

the Half-Blood Prince

 

 

La nueva entrega de Harry Potter es más de lo mismo, lo cual no quiere decir que sea mala o aburrida, sino todo lo contrario. Ms. Rowling ha sabido crear una trama original y verosímil desde su primer libro potteriano, y ahora no tiene más que ir desgranando los episodios de forma natural.

No por ello el libro está exento de sorpresas, como el descubrimiento de que algunos personajes aparentemente bondadosos o de cierta doblez son en realidad servidores del mal. Precisamente el tratamiento de la maldad y de la crueldad es uno de los aspectosmás impactantes de los libros de Rowling. Se trata de una visión del mal de carácter cristiano (aunque el libro no hable de religión en ningún momento) y algo pasada de moda, en la que no hay sitio para el relativismo. En estos tiempos de superstición y relativismo (hay gente que piensa que lo del Katrina es un castigo de Dios por la guerra de Irak, o que los de Al Qaida tienen sus razones para hacer lo que hacen) no deja de ser esperanzador que el libro más leído de los últimos años presente una definición muy clara de lo que es el mal y haga una defensa firme de valores morales que están en fase de olvido.

Pero no todo es filosofía. Hay espacio para que los personajes tengan los típicos problemas adolescentes, que son descritos con mucha gracia y cariño. También lo hay para el surrealismo mágico (en sentido literal) del mundo de Hogwarts, o para las imágenes líricas y poéticas, como la impresionante del canto del fénix, símbolo de la pureza y del bien, a la muerte de uno de los protagonistas. Efectivamente, el final es puro dolor y muerte, un desengaño absoluto que indica a las claras que ya no se trata de un libro para niños, pero también es un manifiesto de lucha y una apuesta apasionada por la renovación de la raza humana. Este libro y los que vinieron antes hacen de la saga potteriana, tan a contracorriente, la experiencia literaria más importante de los últimos años.

                                                                                      José Miguel Domenech

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