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nº 16  -  octubre 2.008 - Actualidad

 

 

              La ampliacion del Museo del Prado (II)

 

 

           Pasados ya los primeras avalanchas de visitantes para conocer el interior de la ampliación del Prado pudimos visitarlo acompañados de una profesora verdaderamente apasionada por el trabajo de Moneo que hizo todos los esfuerzos para hacernos ver las grandes virtudes del proyecto.

Pero la impresión  de la obra en  un visitante con algún  espíritu crítico no puede dejar de ser contradictoria.  En la parte positiva hay que contar la ampliación de la superficie  de exposición en  cerca de 2.300 m2  a los que hay que unir  unos  3.000 m2  liberados en el edificio de Villanueva. Lo mejor, la sala principal magníficamente iluminada con luz natural. También es positiva la ampliación de los depósitos en  1.111 m2 y  la revalorización de la sala basilical del  edificio de Villanueva así como el magnífico ajardinamiento de su fachada posterior con los setos de boj.

Frente a esto produce cierta insatisfacción el tratamiento del restaurado  claustro de los Jerónimos, al que habría que en realidad que llamar conato de claustro pues pierde gran parte de las galerías que dan sentido a este tipo de edificación pensada para el paseo sereno y recoleto. La especie de brocal al centro de la sala  le quita perspectiva. Las esculturas expuestas bailan  en la sala acentuadas por la altura del techo.

También se echa mucho de menos unas escaleras nobles o al menos dignas que han sido  sustituidas por unas comerciales escaleras mecánicas, Parece que el gran vestíbulo  a espaldas del viejo Museo, está desperdiciado con instalaciones  más bien aeroportuarias.

Aun teniendo en cuenta las dificultades de un espacio más bien escaso para los objetivos propuestos cabe preguntarse si el nuevo espacio expositivo justifica  la inversión realizada  de 152 millones de Euros, teniendo en cuenta que la mayor parte de la obra está destinada a servicios que a lo mejor podían haberse llevado a otra parte  con un importante ahorro.

           Pero ya que está hecho lo mejor es disfrutarlo y ponerse a soñar en  la verdadera ampliación que el Museo del Prado necesita para que de verdad podamos disfrutar de los tesoros que continúan almacenadas en sus sótanos.     

                                                                               J.E.A. 

 
 

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